El talento es algo casi tan subjetivo como la belleza. Lo que unos ojos encuentran bello, otros jamás serán capaces de verlo. No es de extrañar pues, que tras analizar las propuestas que las firmas de moda nos presentan para el próximo verano se agolpen en nuestra mente una serie de sentimientos encontrados. Las semanas de la moda nos dejan un sabor agridulce, sobre todo porque ya no todo se concentra en un mismo punto. Pero esto también aporta riqueza y diversidad a una industria que necesita reinventarse de forma obligada, a la que ya no le bastan un par de citas anuales para dar a conocer sus propuestas de Ready To Wear y otras dos dedicadas a la Alta Costura. Cada vez son más las que, con el auge de las colecciones Pre Fall y Crucero, se apuntan a un ritmo de trabajo sin descanso. Cualquiera se atrevería a sentenciar ahora el epicentro de la moda tras una oleada de nuevos diseñadores cargados de ideas renovadas que se han asentado en el calendario junto a las grandes fuerzas del mundo fashion.

Durante un mes han saturado nuestras mentes con streamings y actualizaciones instantáneas en Instagram. Ahora toca hacer balance de todo aquello que por un momento ha estimulado nuestras retinas pero puede que no supere el periodo de prueba al que nuestro cerebro los somete para que queden grabados en la memoria. A la sempiterna ciudad de París le toca competir con una ascendente Nueva York que cada vez cobra más importancia y en la que mayor número de estos nuevos diseñadores podemos encontrar. También con Milán, el auténtico hervidero de tendencias frente a la esencia siempre chic y parisina de la primera. Y el empuje de Londres, que viene pisando fuerte intentando hacerse un hueco entre sus tres hermanas mayores que estos días han cerrado telediarios y  asaltado cada segundo de atención en las redes sociales.

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Edie Campbell en el desfile de Chanel primavera/verano 2016, esta vez convertido en aeropuerto. Todas las imágenes del post son de Getty Images

La primera de las citas tuvo lugar en Nueva York. Riccardo Tisci trazaba una estrategia perfecta para captar el interés de los medios con un desfile que rendía un homenaje a los diez años del diseñador en Givenchy, sacudiendo las conciencias de los asistentes al multitudinario espectáculo (el desfile se celebró el 11 de septiembre, día en que se cometieron los atentados terroristas contra las Torres Gemelas). En la capital neoyorquina no faltaron tampoco los homenajes a nuestra tierra de la mano de dos de los nombres más celebrados días después de su presentación.

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El primero de ellos, Joseph Altuzarra, se había rumoreado como nuevo director creativo de Gucci antes de que Alessandro Michele acabara con todas las cábalas y diera un giro de tuercas en la firma italiana. Altuzarra rindió un homenaje a Euskadi con colores que simbolizan un amanecer, el verde de los campos o una tarde llena de nubarrones. Las modelos calzaban una fusión de las alpargatas tradicionales mezcladas con zapatos de salón que habían sido realizadas con la ayuda de artesanos españoles. El joven diseñador de 32 años ha conseguido crear un estilo perfectamente reconocible y adaptado a los tiempos actuales, que viste a mujeres elegantes y modernas pero de forma relajada y urbana. Cualquiera de sus creaciones podría ser llevada por una mujer que ha decidido pasear una tarde por las calles de Nueva York.

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También calzaban alpargatas las mujeres que Peter Copping había imaginado para Óscar de la Renta. Esta vez eran planas, pero en una versión más luxury y llenas de joyas. El nuevo director creativo, que en esta ocasión presentaba su segunda colección para la firma, se inspira también en España y en la relación que la actriz Ava Gardner tuvo con un torero. Claveles rojos (flor favorita de Óscar) adornan los zapatos de salón como si hubieran sido pisados por un grupo de mujeres que pasean por una plaza de toros después de una corrida en la que han sido lanzados. El cambio que busca Peter Copping en la firma ya se podía ver en la localización del desfile, esta  vez fuera del atelier en el que se realizaban anteriormente. Su mensaje se expresa alto y claro. Y es sencillamente precioso. La feminidad de París en el centro de Nueva York de la mano del que probablemente sea el perfecto sucesor del dominicano.

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La convocatoria de desfiles al otro lado del charco terminaba con la invitación de Marc Jacobs al cine. Un pretencioso show del especialista en convocar medios y generar expectación y polémica. Ya lo hizo hace unos meses tras poner a la venta una camiseta en la que se burlaba de su error en Instagram después de subir una foto con su trasero al descubierto. El controvertido diseñador podría ser el perfecto sucesor de Lagerfeld en Chanel. Así lo demuestra su poder de convocatoria y esa obsesión por buscar que se hable de sus presentaciones a toda costa, como si la ropa dejara de tener importancia. No hizo otra cosa en Vuitton durante los años que pasó en la firma francesa: tendencia tras tendencia que acaparaban las portadas de todas las revistas de moda del mundo y que en unos meses nadie recordaba.

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En el lado opuesto, Delpozo pone el énfasis en la ropa y sus inspiraciones esta vez nos llevan a Emilie Floge en 1837 o la mujer del romancero gitano de Federico García Lorca. La belleza de cada una de las salidas es sencillamente indiscutible y admirable. Pero también infrecuente y sobrecogedora. Lo que Josep Font presenta para la firma española bien podría ser alta costura. La delicadeza de cada uno de los detalles concede a la presentación la categoría de cuento de hadas lleno de volúmenes y transparencias.

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El espectáculo en Milán comenzaba con el tercer desfile femenino de Alessandro Michele para Gucci. La fase de prueba la ha superado con éxito si observamos el crecimiento de ventas en la firma. Pero bastaría con echar un vistazo por los pies de los asistentes a los desfiles para darse cuenta de que el mensaje de Michele ha calado hondo. El feísmo que ha imprimido en Gucci nada tiene que ver con la característica esencia sexy con la que ha sido asociado desde muchos años atrás. Un ejercicio de ‘borrón y cuenta nueva’ que ha hecho que todo el mundo desee vivir en una película de Wes Anderson. En esta ocasión, el diseñador hace un viaje alrededor del mundo e imprime mapas en vestidos vaporosos que en ocasiones tienen aires vintage. Una colección bonita, ponible y que sin duda promete ser de las más versionadas en las tiendas low cost. A los exitosos mocasines peludos esta vez les pone tacón y los adorna con perlas o combina unos mary jane con clavos como si de un arma blanca se tratara. En unos meses será la tendencia estrella del street style.

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Pero si hay que hablar de tendencias no existe en el panorama actual una mujer con más visión y  gusto para ello que Miuccia Prada. La veterana diseñadora hace de nuevo alarde de su gusto ciertamente extraño, que hay que observar dos veces para encontrarle sentido. Esta vez reinterpreta el clásico traje con falda en clave retrofuturista, incluyendo accesorios extravagantes y un beauty look que parece estar pensado para que el público solo se fije en la ropa. La mente de esta mujer es como un mentos en una botella de coca cola: explosiva. Pero una explosión creativa y bella.

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Explosión pero de humor e ironía es el trabajo de Jeremy Scott en Moschino, que convierte su desfile de primavera/verano 2016 en el car wash más alocado de todos los tiempos. Señales de tráfico convertidas en bolsos, trajes reflectantes de estilo chanel y fundas de móvil que emulan limpiacristales. Estoy seguro que si Franco (Moschino, claro) estuviera vivo, no podría estar más orgulloso del rumbo que ha tomado Scott, fiel a su disparatada invención. Un rumbo distinto ha tomado Versace con una colección mucho más funcional y sport de lo que Donnatella nos tiene acostumbrados. Aun así, las mujeres de Versace siempre resultan sensuales y sexies. Esta vez vestidas de verde militar como si fueran a batallar. Listas para todo: la guerra o una noche de fiesta subidas a unas sandalias de tacón.

Generated by IJG JPEG LibraryA model walks the runway during the Versace fashion show as part of Milan Fashion Week Spring/Summer 2016 on September 25, 2015 in Milan, Italy.

Como colofón del mes, París es la última de las capitales de la moda en ser testigo de las nuevas propuestas que serán el sueño de una noche del verano que viene. John Galliano en Maison Margiela volvió a dar rienda suelta a su imaginación utilizando como inspiración, de nuevo, la cultura oriental que tan presente ha estado siempre en su carrera. Esta parecía ser una continuación de su última alta costura, salvando las distancias, con Obis que esta vez era reinterpretados en forma de bolsos. Una treintena de salidas excéntricas y estimulantes en las que jugar a adivinar qué modelo era masculino y cuál femenina se convertía en una ardua tarea.

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Por su parte, Loewe continúa por el buen camino que J W Anderson decidió tomar. Una tarea de rejuvenecimiento que pasa por el plástico en una firma mundialmente conocida por sus bolsos de cuero. Esta vez, espejos y pantalones transparentes son los ingredientes de una de las que sin duda ha sido de las mejores colecciones del mes. Y si J W Anderson mira hacia el futuro, Sarah Burton en McQueen se refugia en la época victoriana para crear una de sus mejores colecciones en años, con volantes en cascada y románticos bordados que creaban una sensación de ligereza en el ambiente.

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El caso de Valentino es el perfecto ejemplo de cómo llevar una firma. Pier Paolo Piccioli y Maria Grazia Chiuri han sabido adquirir una impecable seña de identidad sin necesidad de seguir explotando el rojo Valentino. La riqueza de tejidos es siempre sublime, esta vez inspirados en África con detalles que recuerdan a las colecciones africanas de Yves Saint Laurent, firma que parece ir a la deriva con un Hedi Slimane que en esta ocasión nos presenta una colección con mujeres que podrían ser drogadictas que vuelven de un after o Kate Moss en sus peores tiempos saliendo borracha del festival de Coachella.

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Por último, el adiós de Alexander Wang en Balenciaga nos deja la que probablemente sea la colección más mediocre de su lamentable paso por la firma española. En una antigua iglesia parisina con piscinas de agua que parecían dar forma a una cruz cristiana, se despedía entre saltos y sonrisas al término del desfile. Confieso que me habría encantado ver la cara de Pinault, presidente de Kering (grupo empresarial propietario de Balenciaga y que ha decidido prescindir de Wang), después de aquella sucesión de zapatillas de encaje y vestidos en tonos marfil. Como la ropa interior de una antigua novia virgen. Así se va Alexander Wang. Como si estuviera libre de pecados.

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