El mundo de la moda ama los debuts. El estreno de un nuevo director creativo al frente de una importante firma de lujo siempre es carne de cañón para los que esperan ansiosos por publicar crónicas y críticas que sentencien o catapulten al éxito a un diseñador. Aunque en la práctica todo sea mucho más sencillo y tenga mayor influencia un intencionado gesto por parte de una señora que contempla las presentaciones desde el front-row con gafas de sol, y puede permitirse el lujo de redimir a todo aquel que pertenece al selecto grupo de sus protegidos.

Las revistas ven, en estas nuevas etapas capitaneadas por recién llegados (o en ocasiones, por trabajadores que llevan años asociados a la firma), un filón para escribir nuevas publicaciones que atraigan a visitantes o lectores a sus páginas webs. Las famosas listas de ’10 momentos que no puedes olvidar’, rumores que apuntan a estrepitosas salidas, a supuestas y extrañas incorporaciones… Poco importa qué hay de cierto si despierta el interés de las blogueras de turno que deciden compartir en Facebook cualquier salvajada firmada por una revista de prestigio para dejar claro que leen moda, aunque ellas ya no lo sean. ¿O tal vez no sea moda lo que leen?

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Anna Wintour Met 2015. Foto: Getty Images

Alessandro Michele fue el último en aterrizar –y observando el desaliñado look de las modelos quizás sea este el verbo que mejor se ajuste– en Gucci tras la polémica y silenciosa –no tanto– salida de Frida Giannini. La nueva era de la firma se alejaba de la vertiente más formal que la había acompañado en los últimos años y se presentaba capitaneada por un grupo de lánguidas jóvenes que desfilaban con un paso entre decidido y asustado (tal vez por el carácter tímido del nuevo diseñador de 42 Años, que había deshecho de un plumazo la sofisticación asociada a la firma y labrada por Giannini durante años) con ropas arrugadas, pliegues y estampados que emulan antiguas cortinas y tapicerías de sofás (recordemos que Michele es un gran coleccionista de muebles y otras antigüedades).

El diseñador italiano juega al despiste con una nueva ‘chica Gucci’ que negocia sus hábitos con su novio y compra su ropa en tiendas vintage. Quizás debamos corregir el anterior término ‘chica Gucci’ si observamos con detenimiento el discurso de Michele, que abandona cualquier rastro de androginia en la mujer o de falsa feminidad en el hombre para romper las barreras entre ambos sexos y presentar lo que podríamos considerar el gran triunfo de la ropa unisex. Solo basta con contemplar alguno de sus últimos desfiles para entender el espíritu joven y romántico que hace que ambas colecciones se junten en un mismo punto.

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Imágenes del primer desfile masculino y femenino de Alessandro Michele para Gucci. Otoño/invierno 2015. Fotos: Style.com

Tom Ford en su época se encargó de resucitar la firma con una colección debut que hizo que cada una de las prendas que paseaban aquellas féminas perseguidas por un foco, se convirtiera en objeto de deseo de toda mujer que sueña con ser sexy y llevar un escote vertiginoso. Si comparamos a ambos diseñadores y el estreno de sus creaciones encima de una pasarela, el contraste es tan abrupto como la mente de cada uno quiera imaginarlo.

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Liya Kebede. Gucci (por Tom Ford) otoño/invierno 2004. Foto: Getty Images

Si miramos hacia otro lado, el comienzo de la andadura de un director creativo dentro de una firma puede resultar mucho más libre y alejado de unas críticas que exijan el respeto de unos códigos fundados cierto tiempo atrás. Sobre todo si recordamos la llegada de Nicolas Ghesquière a Louis Vuitton. Tras la controvertida salida del francés de Balengiaga, después de regalarle unos maravillosos años, decidió echar a volar su imaginación dentro de la firma del conglomerado de lujo LVMH. Aún más si cabe, si no olvidamos que Vuitton no está asociado a ninguna casa de Alta Costura Parisina y su historia ha llegado hasta nosotros traducida en cuero, marroquinería, maletas de viaje y bolsos monogram conocidos por todos y llevados por más que todos.

Ghesquière puede desdoblar sus pasiones e inspiraciones construyendo prendas para una firma que vive (como la gran mayoría) de vender bolsos y complementos. Y puede levantar Louis Vuitton construyendo colecciones que actúen como mensajes en una conversación que va desde la mente de Ghesquière hasta el público, olvidándose de crear la prenda estrella de la temporada (para eso ya está Prada) para que el nombre de la firma adquiera un matiz distinto después de haber sido maltratada y vulgarizada hasta el límite del buen gusto con millones de copias baratas de mercadillo.

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Imágenes del primer desfile de Nicolas Ghesquière para Louis Vuitton. Otoño/invierno 2014. Fotos: Style.com

Contrario es el caso de Raf Simons en Dior, que cuenta con un importante archivo y una serie de logros y formas que no pueden pasar por alto. Sócrates decía que <<aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo>>, y la llegada del belga agitó la maison de forma convulsa a pesar de la discreción y timidez que se intuyen en Simons. Esta vez la imaginación echaba a volar hacia otro lugar, hacia otra época. Otras inspiraciones que nada tienen que ver con el innovador paso de Yves Saint Laurent por Dior, que culminó con la fundación de su propia casa de modas. Ni con los frutos que de él recogió Marc Bohan o la ostentosidad de Gianfranco Ferré con las supermodelos encima de la pasarela luciendo románticas y dramáticas creaciones. Que ya no son las putas, ni las geishas, ni las mendigas de Galliano.

La primera colección de la que Raf Simons tuvo que asumir el mando fue la de Costura otoño/invierno 2012. El tiempo con el que contaba -8 semanas- era más bien escaso si tenemos en cuenta que sus compañeros de profesión tienen una media de 3 meses para elaborar una colección completa. Aun así, el reducido margen de tiempo fue más que suficiente para elaborar aquellas prendas que se presentarían en diversas salas adornadas con flores de colores como si quisiera rendir un homenaje a Monsieur Dior, que tantas veces se había inspirado en ellas incluso para dar nombre a una silueta que se ha repetido a lo largo del tiempo en la maison, probablemente como una de las principales señas de identidad: la línea Corolle que sería rebautizada por Carmel Snow como New Look y que estaba principalmente representada por el traje Bar.

La primera de las salidas, de hecho, también parecía rendir homenaje a la silueta que tantos éxitos reportó al francés. De riguroso negro vestía la modelo que abría el desfile, que después dio paso a un estallido de colores que salpicaba vestidos de rojos y rosas como si fueran cubiertos por los pétalos de las flores de la sala. Raf Simons demostró aquí el principal atractivo de sus diseños: la elegancia. Pero una elegancia conjugada con el minimalismo que marcó su etapa en Jil Sander, y que ha repetido colección tras colección como si el “menos es más” fuera su fórmula del éxito.

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Imágenes del primer desfile de Raf Simons para Dior. Otoño/invierno 2012 Alta Costura. Fotos: Style.com

Líneas depuradas, prendas lujosas que son cómodas y ponibles, exitosas combinaciones de colores… La herencia de Raf Simons en Jil Sander ha sido su sombra temporada tras temporada, y los aplausos recibidos a raíz de aquella primera presentación para Dior hicieron pensar al belga que podría descuidar la firma que inventó la feminidad con colecciones que han visto mermar su imaginación y que cada vez tenían menos que ofrecer que la anterior. Ya saben lo que dicen: renovarse o morir.

A veces resulta triste e injusto el mundo de la moda. Antes de Simons, Bill Gaytten fue despiezado y enterrado por la crítica después de presentar su colección de Alta Costura para Dior. Aunque eso poco importa a los críticos con tal de tener algo sobre lo que escribir, o a ciertas revistas que lo único que buscan es ganar dinero a costa de publicidad en sus páginas. Al fin y al cabo, el espectáculo que supone la Alta Costura no es más que un aliciente para vender cosméticos, bolsos y zapatos, que es lo que verdaderamente deja dinero a una firma (y eso Galliano supo hacerlo muy bien). Los sufridores somos los que puede que jamás veamos y toquemos un vestido de Simons, Gaytten o Galliano, porque la alta costura es lo que nos hace soñar. Y necesitamos a alguien que nos devuelva las ganas de seguir esperando.

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Diseños de Raf Simons para Dior. De izquierda a derecha: otoño/invierno 2012 Alta Costura; primavera/verano 2013; primavera/verano 2014; primavera/verano 2014 Alta Costura. Fotos: Style.com

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