Es curioso cómo se ha desarrollado en el tiempo la eterna alianza entre la moda y los personajes más afamados del cine. Cuando Greta Garbo callejeaba con gorros e impermeables intentando pasar desapercibida conseguía hacer de aquellos complementos el objeto de deseo de su mastodonte ejército de seguidores. Las mujeres querían emular el glamur de Marlene Dietrich frente a las cámaras y los hombres desprender el mismo sex appeal que Richard Gere en American Gigoló vestido de Armani.

La perenne relación entre Audrey Hepburn y Hubert de Givenchy sigue haciéndome pensar, a día de hoy, quién de los dos debe más al otro: Givenchy dependió en gran medida de la actriz parar crear un estilo personal conocido sobre todo por la ropa que ella lució en Sabrina, pero también por los elegantes pantalones negros y los tops con cuello barco que Hepburn llevaba fuera de las pantallas. ¡Y qué sería de Audrey sin aquel vestido negro que la convirtió en mito después de desayunar frente a la joyería más famosa del mundo!

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Audrey Hepburn y Hubert de Givenchy. Foto: Getty Images

Desde 2005, Givenchy cuenta con un revolucionario director creativo, Riccardo Tisci, que ha dado un giro de ciento ochenta grados a los archivos de la casa. El diseñador italiano de orígenes sumamente humildes, obligado a trabajar desde bien temprano y que comenzó su carrera en la moda diseñando estampados para Missoni, ha convertido en musas e íconos de la firma a mujeres tan atípicas como Mariacarla Boscono, eterna amiga del que fuera estudiante de la Central Saint Martins de Londres, que le ayudó a dar el salto a Givenchy en un desfile en el que las modelos se maquillaron por sí mismas.

Ahora presenta como protagonista indiscutible de su última campaña a Donatella Versace, una mujer diametralmente opuesta al estilo casual de la actriz que se convirtió en pionera de aquellas jóvenes que no querían ser divas en los años 50.

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Campaña de Givenchy Fall 2015. A la izquierda, Donatella Versace, amiga del diseñador. A la derecha, otra imagen de la campaña con Candice Swanepoel y Mariacarla Boscono en primera fila con piercings faciales.

La preferencia de Tisci por el gótico y lo oscuro ha hecho que en numerosas ocasiones rinda culto al más elegante de los colores en misteriosas colecciones en las que el negro da rienda suelta a la imaginación del diseñador. Sin embargo, he decidido recuperar la colección de Alta Costura –recordemos que actualmente Givenchy no presenta Alta Costura, a excepción de los diseños lucidos por algunas de sus modelos predilectas compartiendo pasarela con los hombres que lucían el prêt-à-porter masculino– que presentó para la primavera/verano de 2011.

Para la ocasión, un grupo de mujeres vestidas de blanco y salpicadas por destellos de colores neón se agolpaban en una solitaria habitación en una tentativa de Riccardo Tisci de apartarse de la teatralidad y el espectáculo que supone la Alta Costura –en ocasiones, también el prêt-à-porter– para otros compañeros de profesión como Karl Lagerfeld. Ya Balenciaga en los 50 realizaba sus desfiles de forma privada con modelos que portaban en sus manos un cartel con el número que daba orden a la salida de las maniquíes desfilando de forma erguida, que en los 80 desfilaban como protagonistas de una obra de teatro y en los 90 (¡oh, cuánto se sorprendería Balenciaga!) lo hacían sacudiendo las caderas y provocando al público. Ahora ni siquiera sonríen y lo más habitual es ver a lánguidas y pálidas adolescentes que sostienen como pueden un 2.55 en un intento desesperado por llegar al final de la pasarela sin quebrantarse en pedazos. Tom Ford también intentó mantener la privacidad de sus presentaciones aunque con menor éxito y nuevas ideas que le hacían poner rumbo a Los Ángeles en un último empeño por acaparar la mitad del protagonismo del que gozaba en los 90 cuando Gucci era el epítome de la sexualidad.

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Naomi Campbell cerrando el desfile de Givenchy Spring 2016 Menswear en el que algunas modelos lucieron prendas de Alta Costura. Foto: Getty Images

Japón es la inspiración para construir esta decena de piezas. Un país y una cultura que han sido explotados hasta la saciedad. Recursos frecuentemente utilizados por una gran cantidad de diseñadores, aunque esta vez de una forma menos trillada y más original que anteriormente: Los robots de las series de dibujos animados de los 80 pueden percibirse en los gigantescos sombreros que portan las modelos asiáticas y en las aplicaciones de colores estridentes de cada uno de los vestidos. De otro lado, el bailarín Kazuo Ohno invita al diseñador a impregnar las creaciones de sensibilidad y delicadeza. Todos los elementos se aglutinan para construir el ADN de unas nuevas geishas nacidas de la metamorfosis de viejos robots, que olvidan las obsesiones fantasmagóricas de Riccardo Tisci porque ya nada tienen que ver con la muerte.

El influjo de los robots resulta estimulante si las manos de Philip Treacy moldean desorbitados complementos que se posan en la cabeza de las blanquecinas mujeres. Cada vestido conlleva más de dos mil horas de corte y cuatro mil de costura. Como una auténtica obra de arte que se expone en la sala de un museo bajo la atenta mirada de los visitantes. Perlas que quedan atrapadas en las capas de los vestidos y cuero que se presenta en forma de Obi como el contraste más duro con las plumas de avestruz color crema de aquellas aves silvestres que han decidido cruzar vestidos, faldas y pantalones. Inusualmente, aquí no hay rastro de la mente oscura e inquietante que elabora las prendas de prêt-à-porter. Y las estructuras robóticas y alas dejan paso a exquisitos y brillantes bordados.

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Vestidos de la colección de Alta Costura para la primavera de 2011. Foto: Style.com

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Parte posterior de los vestidos anteriores. Foto: Style.com

Si algo está claro a día de hoy, es que nada tiene que ver el trabajo del actual director creativo de la maison con el del que levantara el nombre Givenchy hace algunos años. Tampoco es que Riccardo Tisci pretenda ocultarlo. Aun así, sus diseños son probablemente junto con los de Versace los que más presencia tienen en la alfombra roja: Tisci sabe perfectamente elegir a sus amistades para vestir a las mujeres más poderosas y deseadas del planeta, a pesar de que en un principio no quiso asociar Givenchy con famosas.

Pese a todo esto, consiguió lo que muchos otros nunca hicieron cuando recibió la llamada de Hubert de Givenchy para felicitarle. Yves Saint Laurent se negó a sentarse en el front-row cuando Tom Ford debutó en su firma y llegó a decir a la maquilladora de sus desfiles: ‘hagas lo que hagas (…) no te vayas con ese vaquero’. ¡Y si Monsieur Saint Laurent viera lo que Hedi Slimane hace hoy en día en su nombre volvía a morirse!

El nombre de Riccardo Tisci se barajó para sustituir a McQueen e incluso para trabajar en Dior. Y tal vez ha encontrado su sitio aquí. Ha olvidado a Audrey Hepburn, los collares de perlas y los sofisticados recogidos. Y en cierto modo este fue su billete al trono, pues el presidente de Givenchy afirmó que fue el único candidato que no la mencionó en el proceso de selección. ¿Pero quién dice que Audrey Hepburn no está presente en estos vestidos? ¿Acaso no era Audrey una mujer robot? Femenina y resistente. Delicada y fuerte.

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Vestidos inspirados en los robots de las series de dibujos animados de los 80 y el bailarín Kazuo Ohno. Givenchy Alta Costura Primavera 2011. Foto: Style.com

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