He decidido compartir aquí un trabajo que presenté hace unos meses para la asignatura de ‘Periodismo gráfico’. La temática era completamente libre y el único requisito era que nosotros mismos realizáramos las fotos, aunque decidí incluir algunas otras. Los textos que he utilizado para hablar tanto de Peter Lindbergh, como de Helmut Newton o Richard Avedon ya habían sido escritos y utilizados anteriormente en el blog.

Rebusco en Internet con el objetivo de encontrar inspiración para fotografiar algo que resulte interesante. Mi investigación está avalada por decenas de revistas de moda a las que guardo especial cariño y que se amontonan en el escritorio desde hace algunos años. También por un viejo cuaderno de notas de color rojo en el que he recopilado momentos, citas y fotografías que hoy son de carácter histórico en un cosmos que me apasiona. Estoy decidido a plasmar en una serie de fotografías lo que significa para mí la moda.

Hace años que visito una página llamada El Sastre de Lisboa. Su autor, José Cabral, publica en ella fotografías de personas que le asaltan en plena calle y le causan diferentes impresiones. Lo que es denominado ‘street style’ en fotografía de moda es extrapolado en esta web para adquirir matices y significados especiales. El abrigo que lleva esa chica o la corbata de aquel señor dejan de ser absurdos complementos colgados del cuerpo de la persona para construir un universo propio en el que cada prenda trae consigo un sentimiento.

el-sastre-de-lisboa1

Cabecera de la web elsastredelisboa.blogspot.com.es

Me he lanzado a la calle en busca de esos seres misteriosos que el fotógrafo portugués encuentra y me he topado con una realidad cuando menos distinta. La belleza histórica de Sevilla parece no ser suficiente para albergar en sus calles lo que podríamos encontrar en las semanas de la moda de París o Nueva York. Podría pasarme un día completo dando tumbos desde Sierpes a calle Betis y no encontrar nada verdaderamente sobrecogedor. Y de repente, como aquella noticia que llega de imprevisto y hace temblar la redacción de un periódico minutos antes de ordenar su impresión, aparece de nuevo la inspiración en forma de cita para dar forma a este reportaje.

“(…) si hay una cosa sin la cual es difícil imaginar a un hombre, sin importar su nacionalidad, religión, origen étnico o coordenadas GPS es sin duda una camisa blanca (…)”

DSC_0062DSC_0066

Me pareció tan reveladora y expresiva, tan auténtica y con una gran carga de veracidad, que decidí explorar la idea e indagar en el concepto y significado de la camisa blanca y el hombre que la lleva.

Siempre me pareció que en la claridad del blanco reside el secreto de su poder embriagador. Que en su asepsia y debilidad está la base de todo lo que consideramos puro. La suma de todos los colores que puede parecer frágil y fría, pero de una delicadeza peligrosa. Como la gélida nieve que cubre las montañas y puede llegar a quemar.

DSC_0157DSC_0172

Con la evolución humana, la moda ha ido adaptándose al momento que le ha tocado vivir. El siglo XX fue un periodo rico en innovaciones. Atrás quedaron aquellos reyes ataviados con terciopelos, capas de armiño y colores estridentes. El barroquismo desmedido de un Rey Sol que caminaba subido a unos tacones y envuelto en encajes nada tiene que ver con la renovada imagen que el hombre proyecta en las calles de nuestros días. El contraste entre los siglos pasados y la época actual es sorprendente y ya no tienen cabida aquellos prejuicios que en su día revolucionaron la moda como tomar el sol desnudo o llevar minifalda.

La moda empezó a ser una forma de manifestarse. Y si el corte afro reivindicó en su día el orgullo de ser negro, la camisa blanca hoy es considerada el non plus ultra del armario masculino. Un clásico entre los clásicos capaz de transmitir una percepción actual y reconstruida. Una moda que ha dado la vuelta al mundo y demuestra que, en materia de estilo, no existen barreras. La prenda plurilingüe que tiene un sitio en el cajón de los recuerdos de cualquier persona sin importar su procedencia.

DSC_0192DSC_0287

Es curioso lo poco trascendentales que hemos sido los hombres en el mundo de la moda. Por el contrario, se me ocurren numerosos ejemplos de mujeres que han sido capaces de asociar un estilo de vida a su imagen. Que han sido capaces de convertirse en iconos con el paso de los años y son reconocidas en cualquier parte del mundo como un icono o referente. Brigitte Bardot fue un icono sexual de los 50 y los 60 y a día de hoy siguen comparándola con cualquier modelo rubia que salta a la palestra, Grace Kelly definió un ciclo de elegancia y buen gusto, Marlene Dietrich fue la culpable de que las mujeres desearan lucir un estilo andrógino y Marilyn Monroe, a pesar de no ser demasiado importante para el mundo de la moda en su época, consiguió convertirse con su muerte en un icono de estilo y sensualidad que ha perdurado en el tiempo.

DSC_0129DSC_0072

La divinización del hombre como figura de estilo ha estado siempre sujeta a la imagen de la mujer. El hombre galán y seductor que viste con una impecable camisa blanca. Aquel que puede producir la misma fascinación que una diva de los 50 pero que nunca hemos sido capaces de explotar. Como Clarck Gable en Sucedió Una Noche cuando sorprendió al mundo entero al desprenderse de su camisa dejando al descubierto que debajo no llevaba una camiseta interior. Un rebuscado ejemplo si tenemos en cuenta la gran cantidad de mujeres que el cine se ha encargado de convertir en grandes diosas. Tal vez porque los hombres tienen menos pliegues que las mujeres y pueden expresar sus deseos sin ser sentenciados por el terrible juez que tenemos al lado, que en este caso es otro hombre incapaz de condenar sus actos en un mundo en el que la violencia en ocasiones es entendida como superioridad. Podría resumir esto de otra forma diciendo que los hombres son más básicos, pero sería demasiado básico por mi parte.

DSC_0153DSC_0073

En las fotos que realicé, me sorprendió la elegancia indiferente que parece unir a estos hombres que visten una camisa blanca, porque visten bien sin parecer demasiado preocupados por la ropa que llevan. Da igual si forma parte de una elección propia o un uniforme. Pareciera como si el hombre que se dirige al trabajo o aquel que pasea en bici hubieran seleccionado, fruto de la casualidad, aquella prenda que une dos puntos diametralmente opuestos. Que une al señor mayor que ha decidido leer un libro mientras toma un café, con aquel joven de color que mira el móvil al mismo tiempo que bebe una cerveza. Que une al que se sienta a leer un periódico disfrutando de la soledad y tranquilidad de cualquier día de verano con el que se dirige al trabajo a toda prisa aferrado a su teléfono móvil. Al que conversa con amigos del que, en la acera de enfrente, pasea esquivando a las personas que encuentra.

DSC_0183DSC_0186

DSC_0277DSC_0138

DSC_0089DSC_0112

La fotografía de moda y la idea de las camisas blancas me hicieron pensar en el trabajo de algunos autores a los que admiro. Esta prenda me recordó a Peter Lindbergh por la pureza que comparte con sus fotografías. Tan limpias y sencillas. Recuerdo una que fue publicada en el Vogue Americano en 1988 en la aparecen las grandes supermodelos de los 90 únicamente vestidas con una camisa blanca jugueteando en la playa. En otra están mirando al frente con una actitud más fría y distante. Las dos me parecen de una belleza desmedida. Como si pretendiera esbozar las dos caras de un puñado de mujeres bellas que son algo más que eso. Que pueden reír y divertirse como en la primera, que son vulnerables e indefensas como en la segunda. Que son humanas, no solo perchas para colgar la ropa.

supers2

supers1

Estelle Lefebure, Karen Alexander, Rachel Williams, Linda Evangelista, Tatjana Patitz y Christy Turlington por Peter Lindbergh. Vogue USA Agosto 1988

Aun así, lo que más me gusta de Lindbergh son sus retratos. Considero que le gusta contar historias tristes. Es capaz de retratar la esencia de sus protagonistas en fotografías atemporales en las que se aprecia nostalgia y fragilidad. Su preferencia por la belleza femenina lo llevó a vivir muy de cerca el fenómeno de las supermodelos de los 90 a las que retrataba casi sin maquillaje y con un sencillo peinado. Su particular estilo no tiene color, no tiene filtros, ni tiene elementos que distraigan la mirada del rostro de la persona a la que extrae su fuerza y absorbe su brillo. Primeros planos en lo que menos es más. Cargados de misterio y llenos de vida y sentimiento. Historias que transmiten emociones y que dejan al desnudo el alma de una persona.

moss2

Kate Moss por Peter Lindbergh

Podría considerar la camisa blanca como la prenda fetiche del hombre elegante. Y de fetiches sabe mucho Helmut Newton, quien convirtió los desnudos femeninos en la espina dorsal de su trabajo.

Con su gusto por las mujeres sugerentes y las piernas infinitas inauguró un fenómeno que se consolidaba a finales del siglo XX en el que las fotografías giraban alrededor de un universo mucho más sensual y estimulante.

Su fotografía era distinta: una forma nueva y mucho más erótica de ver la moda. Para fotografiar su cocina, que le resultaba un espacio de lo más interesante, colocó un par de mujeres desnudas frente al objetivo porque las consideraba necesarias para hacer su trabajo más bello. Cuando posaban para él, sus maniquíes predilectas cuentan que era sumamente exigente y que le gustaba que flexionaran la cadera hacia adelante y los hombros hacia atrás. Todo esto encima de unos tacones vertiginosos y manteniendo el equilibrio en una postura tan perfecta como imposible.

Quizás sea por sus elegantes fotografías en blanco y negro o por su forma cruel de mostrar la realidad. Lo que sí está claro es que su carrera en la moda se movía de forma diferente a la del resto. Una mezcla de dominación y masoquismo. Un contraste entre sumisión y fortaleza, entre belleza y sexualidad. Mujeres que aunque fueran inmortalizadas en entornos tan miserables como reales, eran fuertes y lo sabían. Porque cuando una mujer es seductora siempre tiene el poder.

125424_1

Claudia Schiffer fotografiada por Helmut Newton en 1993. Me resulta interesante porque parece un momento espontáneo en el que la esposa llega a casa y encuentra a su marido infiel a pesar de ser una imagen completamente estudiada y preparada al detalle

rampling

Charlotte Rampling en 1974. Representa a la perfección el trabajo de Helmut Newton: imágenes glamurosas en blanco y negro con mujeres desnudas

Aunque si de fotografía de moda hay que hablar, sería injusto pasar por alto a Richard Avedon. Desde el traje negro que llevaba Penélope Tree en una fotografía que realizó para presentar la moda en movimiento hasta los desnudos, mucho más sutiles y menos glamurosos que los de Newton. Como el retrato de Nastassja Kinski rodeada por la serpiente que es mi fotografía favorita de todos los tiempos.

Llevó la moda a la calle e introdujo elementos que por aquel entonces no eran considerados glamurosos como los animales. Una cabra, un mono y un camello estarían entre los muchos animales que aparecerían en las imágenes de Avedon a lo largo de su carrera, que culminó en la más memorable de todas las fotografías de moda con Dovima y los famosos elefantes. Fue una foto muy importante por el vestido –el primero diseñado por Yves Saint Laurent para Dior-, de la que se perdieron los negativos y que revolucionó la fotografía de moda. Tenía que posar para su cámara con dos vestidos de noche diferentes de Dior y, aunque los elefantes estaban encadenados por el tobillo, parecían tener más movilidad que la propia modelo que permanecía inmóvil con el tronco arqueado y la cabeza oscilante. Su belleza se presentaba delicada frente a los rudos paquidermos. Pero Avedon nunca estuvo contento con la fotografía porque consideraba que el lazo del vestido tenía que caer del lado contrario para crear un efecto visual de movimiento con las patas del elefante.

Las imágenes de Dovima por Richard Avedon evidencian la complicidad de ambos, además de mostrar la insultante belleza y el innegable estilo de Dovima frente al objetivo.

File_1648, 10/2/08, 12:03 PM, 16C, 6750x8149 (0+296), 112%, Custom,  1/30 s, R35.6, G17.1, B40.1

Penelope Tree por Richard Avedon. Vogue Octubre 1967

dovima

Dovima con elefantes. Fotografía de Richard Avedon. 1955.

nata

Nastassja Kinski por Richard Avedon. 1982

Podría concluir con la sencilla y redundante idea de la omnipresencia de la camisa blanca en el armario masculino. Decir que es capaz de aportar un plus de elegancia a cualquier hombre. Que actúa como hilo conector entre razas, ideologías y religiones. Pero no basta con tener la prenda que aparece en las fotografías de moda de grandes profesionales. No consiste en imitar a los grandes galanes del cine ni seguir los quince consejos de elegancia masculina que Frank Sinatra enumeró en su día. Es algo mucho más sencillo y complejo a la vez. Es como saber combinar a la perfección distintos tipos de rayas en la camisa y la corbata. Los franceses lo llaman allure. Yo diría estilo.

Anuncios