Hay una constante en la historia de Versace que siempre le ha reportado numerosos beneficios. Si la mujer Chanel es una señora elegante de la Alta Sociedad o la jet set marbellí que, en los fríos inviernos viajaba buscando el calor de las costas paradisíacas demandando a gritos el nacimiento de las colecciones crucero, y las compradoras de Prada son las mismas jóvenes de pelo decolorado que compran revistas de moda todos los meses; la firma italiana sabe muy bien al público que se dirige: mujeres de piernas delgadas y altas, sutiles curvas y escandalosos escotes con un punto canalla y atrevido. Siempre sexies y perspicaces. Las medusas de Versace.

Muchos piensan que Versace murió con Gianni en la puerta de una mansión de Miami en 1997. Hasta entonces, el diseñador había experimentado una serie de cambios que se reflejaban en sus colecciones desde que en un principio tomara como inspiración la Grecia y la Roma clásica. Fue en la mitología griega donde encontró al monstruo femenino capaz de petrificar a todo el que la mirara fijamente a los ojos y que, posteriormente, estampó como símbolo de su firma tras fundarla a mediados de los 70.

Gianni Versace no solo contribuyó, junto con Karl Lagerfeld, al fenómeno de las supermodelos de los 90. Además de reunir en sus desfiles a las mejores maniquíes de la época con las que llegó a forjar una consolidada amistad, aportó a la moda un estilo que diferenciaba lo vulgar del buen gusto. Y supo aprovechar cada una de las partes del cuerpo femenino.

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Naomi Campbell, Gianni Versace y Christy Turlington

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Karen Mulder, Linda Evangelista, Gianni Versace y Carla Bruni

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Versace y algunas de las supermodelos de los 90

La época dorada de Versace en los 90 estuvo marcada por la presencia de los profesionales más influyentes de la industria. Si Steven Meisel retrataba a Madonna en 1995, dos años antes Richard Avedon y su visión y alma para la fotografía de moda se encargaba de fotografiar la campaña de verano con Naomi Campbell, Stephanie Seymour, Shalom Harlow, Kristen Macmenamy, Kate Moss y Linda Evangelista con históricas imágenes que hoy en día siguen siendo igual de preciosas y refrescantes.

La estética hippie con tejidos livianos y estampados –que antes apenas se utilizaban–, el movimiento de las tops y sus melenas, la belleza de la Seymour o de Evangelista tragadas por la tierra y esta última en una imagen con el vestido golpeado por el viento consiguieron que la firma volviera a la cima del lujo en tiempos difíciles.

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Linda Evangelista y Stephanie Seymour por Richard Avedon. Versace SS 1993

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Stephanie Seymour, Naomi Campbell y Shalom Harlow por Richard Avedon. Versace SS 1993

No solo las fotos de Avedon y los cuerpos desnudos de Sylvester Stallone y la Schiffer eran buenos, el talento de Gianni Versace estaba presente en aquellos maravillosos vestidos de colores y ostentosas creaciones. Sus colecciones diferían del minimalismo imperante en la época. El vestido negro con imperdibles dorados que Elizabeth Hurley lució en 1994 dio la vuelta al mundo porque dejaba al descubierto la mitad de su cuerpo pero no resultaba vulgar.

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Vestidos ceñidos y escotes pronunciados que han pasado a ser el legado retomado por Donatella a pesar de que su hermano nombrara como heredera del imperio Versace a su sobrina Allegra. Las críticas a Donatella se han mantenido desde que tomara las riendas de la firma, aunque en ocasiones su trabajo haya sido más que aceptable. La campaña de 1998 fotografiada por Steven Meisel o la colección de Alta Costura de 2008 más recientemente dan muestra de ello, no obstante se la sigue acusando de estar más preocupada de la comercialidad que de mantener vivo el espíritu de Versace que tantos beneficios dio a Italia en la época junto con Armani.

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Campaña de Versace 1998 fotografiada por Steven Meisel

Tal vez lo que Dior necesitaba tras la salida de Galliano era a Raf Simons y su peculiar estilo dirigido a chicas más jóvenes o lo que buscaba Valentino después de la marcha del emperador era a Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli. En el caso de Versace el consenso quizás emprenda de la conclusión de que el talento no se hereda. Aun así, si Gianni consiguió que el vestido de Liz Hurley acercara una selecta clientela a las puertas de su mansión, hoy la firma italiana sigue siendo una de las más deseadas en la alfombra roja.

Cierto es que Gianni Versace era un experto en cortejar a las celebrities. En sus numerosas fiestas muchas de ellas –a las que obsequiaba con fastuosos regalos– estaban presentes, y otros tantos recuerdan la amabilidad del diseñador que se hizo íntimo de Lady Di. Hoy en día, Donatella ha conseguido situar a Versace como la firma con más presencia en la alfombra roja. Amistades conservadas y nuevas relaciones entre diseñadores y estrellas del cine o de la música condicionan el estilismo que pasearán por las numerosas galas de entregas de premios. Y puede que este sea el factor que hace que cada vez sean más aburridas.

Marion Cotillard y Natalie Portman son chicas Dior, Kate Hudson es fiel a Versace. Las firmas de moda, que en ocasiones hacen verdaderas obras de arte –véase Valentino–, protagonizan encarnizadas batallas por conseguir que Nicki Minaj o Lady Gaga luzcan uno de sus diseños sin darse cuenta que en ocasiones la publicidad negativa también existe (que se lo digan a Rosamund Pike y Vera Wang en los Globos de Oro 2015). Ahora parece que solo importa vender, conseguir una publicidad global aunque eso suponga sentar en el front-row de tu desfile a Kim Kardashian o Chayo Mohedano. Y es que el Versace de Donatella puede ser similar o no al de su hermano. Pero es rentable. Y a día de hoy es lo que importa.

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Kate Hudson, Amy Adams y Heidi Klum en los Globos de Oro 2015. Todas de Atelier Versace

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Jessica Chastain, Jane Fonda y Cindy Crawford en los Globos de Oro 2015. Todas de Atelier Versace

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En el sentido de las agujas del reloj. Arriba a la derecha Zoe Saldana, Heidi Klum, Karlie Kloss, Gigi Hadid, Jennifer Aniston, Amy Adams, Scarlett Johansson e Irina Shayk en los Oscar y la fiesta posterior de Vanity Fair. Todas de Atelier Versace

Sergio Lagares

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